"Confieso que no hago literatura autobiográfica ni quiero reconocer que hay una parte de mi vida puesta en mis libros, porque siempre me he creído que he inventado un mundo. Uno para escribir necesita hacerse muchas ilusiones y creerse muchas cosas, si no para qué va a sentarse uno frente a una máquina —o en una computadora, ahora que me modernicé—, en ese oficio tan absolutamente solitario como escribir. He creado ese mundo aparte de mi mundo, aunque indudablemente tienen vínculos. Cuando yo muera, que mis cartas aparezcan, que se publique mi diario, los lectores encontrarán que, sin duda, había una relación mayor que la que yo sospechaba, que la que yo confesaba, entre mis textos y mi vida". En La Ventana.
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