A llevar cuarenta o cincuenta personajes en la cabeza lo aprendí de Dickens. Para él no hay personajes pequeños, y hay que darle la puntada final hasta al más insignificante. Eso es lo que intento hacer. Dickens y Balzac (y sospecho que Tolstoi también, aunque no he leído todos sus libros) creían en sus personajes. Por eso se los sigue leyendo. En adncultura.
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